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Adviento: tiempo de esperanza

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En el Tiempo de Adviento nos preparamos para celebrar el Misterio central de nuestra fe: la Primera Venida de Cristo al mundo.

Es un tiempo de esperanza. En la Corona de Adviento hay cuatro velas: cuatro domingos, cuatro milenios de expectación...". (R. GUARDINI, Verdad y Orden. Homilías universitarias, Madrid 1960, p. 13 a 21). Es un símbolo del tiempo que tuvo que transcurrir desde la caída del primer hombre hasta que vino el Redentor. Habla del adventus Domini, de la llegada del Señor, y exhorta a prepararse a esa venida.
La luz de cada vela nos acerca a la Navidad y nos recuerda lo que ya ha pasado: la espera y llegada del Redentor. Cada una de las velas que arden nos dice: «Alégrate de la santa llegada y da gracias». Pero ¿dice sólo eso el Adviento?
Las venidas de Cristo
Reflexionamos sobre las tres venidas de Cristo: la Navidad, su Glorioso Retorno y su Venida diaria, en la Eucaristía y en la Presencia suya en nuestra alma en gracia.
«Aunque las fiestas de la Iglesia recuerdan…

Un Adviento junto a María y José

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Mañana comenzamos el Adviento. Un tiempo de oración y esperanza. Un tiempo mariano, porque acompañaremos a la Virgen y a San José en su camino hacia Belén, donde nacerá el Niño.

Hace cinco años, el Papa Benedicto XVI, decía lo siguiente sobre el Adviento:
“La Virgen María encarna perfectamente el espíritu de Adviento, hecho de escucha de Dios, de deseo profundo de hacer su voluntad, de alegre servicio al prójimo. Dejémonos guiar por ella, a fin de que el Dios que viene no nos encuentre cerrados o distraídos, sino que pueda, en cada uno de nosotros, extender un poco su reino de amor, de justicia y de paz” (Ángelus, 2 de diciembre de 2012).
María encarna perfectamente el espíritu del Adviento”. Por lo tanto, si queremos vivir muy bien este Adviento, acerquémonos a María, vivámoslo junto a Ella y junto a su esposo San José, a quien no podemos separar de la Virgen. San Josemaría Escrivá de Balaguer escribió en el prólogo a su libro Santo Rosario que "El principio del camino que l…

El Reino Nuevo de Cristo

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Hace un año, en el día de la Solemnidad de Cristo Rey de 2016, terminaba el Año de la Misericordia que convocó el Papa Francisco. Un Año Jubilar especial, en el que podemos decir que las Puertas del Cielo estuvieron abiertas y el Espíritu Santo derramó abundantes gracias para toda la Humanidad.

Ha pasado un año, desde entonces, que ha sido también de muchas gracias, pues hemos celebrado el 100° aniversario de las apariciones de la Virgen en Fátima.
El día de Cristo Rey tiene una fascinación especial. Nos recuerda muchas cosas muy entrañables y es una fuente inagotable para nuestra meditación. Jesús es Rey del Universo. Su Reinado es un reinado universal y eterno; de verdad y de vida, de santidad y de gracia; de justicia, de amor y de paz (cfr. Prefacio de la Solemnidad de Cristo Rey).
El Señor es “Rex regum et Dominus dominantium”: Rey de reyes y Señor de los que dominan. Así volverá al final de los tiempos, como Rey, rasgando las nubes. Todo le será sometido.
Pero su Reinado no e…

“Yo tengo designios de paz, no de aflicción” (Jer 29, 11)

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Ego cogito cogitationis pacis, et non aflictionis” (Jer 29, 11). Con este breve texto del Libro de Jeremías, comienza la Liturgia del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, en el Canto de entrada.

Aunque en el Antiguo Testamento Yahvé se presente como un Dios Justiciero, es también un Dios de Paz. La palabra “Justiciero” nos parece quizá dura y no nos gusta, de entrada, llamarle a Dios así. ¿Por qué? Porque en nuestra época vemos la justicia, ordinariamente, como algo frío, que castiga, que muchas veces se equivoca o que está corrompida. La justicia humana es imperfecta y puede ser odiosa, en ocasiones. Pero la Justicia de Dios es otra cosa totalmente diferente.
“Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos —oráculo del Señor—. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes” (Is, 55 8-9).
En la Justicia de Dios van siempre unidas la Verdad y l…

La Verdadera Sabiduría es Cristo

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Las lecturas de la Liturgia de la Palabra del Domingo XXXII (Ciclo A) durante el año, nos llevan a desear vivamente el encuentro con Jesucristo, la Verdadera Sabiduría.

“Radiante e inmarcesible es la sabiduría, la ven con facilidad los que la aman y quienes la buscan la encuentran” (Sab 6, 12).
Con estas palabras comienza la Primera Lectura, tomada del Libro de la Sabiduría.
La Iglesia, en estas últimas semanas del Año Litúrgico, nos va orientando hacia el final de los tiempos y preparándonos para la Segunda Venida de Jesucristo. Ciertamente no conocemos el día ni la hora de ese suceso (cfr. el Evangelio de la Misa: Mt 25, 13), pero lo que sí sabemos es que la vuelta del Señor nos sorprenderá, pues llegará cuándo menos nos lo imaginemos, como sucedió en la parábola de las diez vírgenes:
“A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”” (Mt 25, 6).
Algunos estudiosos, como Antonio Yagüe (ver los últimos vídeos subidos en su canal de YouTube), relacionan …

La Eucaristía: sacramento de las transformaciones

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En los dos mensajes que Nuestra Señora dio a las niñasen San Sebastián de Garabandal, primero de modo directo y luego a través del Arcángel San Miguel, la Virgen les habló de la Eucaristía.  

En el mensaje del 18 de octubre de 1961, les pidió: “Tenemos que visitar al Santísimo con frecuencia”. Y el 18 de junio de 1965, les dijo: “La Eucaristía cada vez se le da menos importancia”.
Para contribuir a llevar a cabo este deseo de la Virgen, y conocer mejor el Misterio de la Eucaristía, puede ser oportuno leer y meditar las palabras que dirigió el Cardenal Joseph Ratzinger, en Benevento, en octubre de 2002, a los participantes en un Congreso Eucarístico organizado por esa diócesis, que tenía como lema “Eucaristía, Comunión y Solidaridad”.
En la conclusión de esa intervención, el futuro Benedicto XVI explica cómo, Cristo anticipa en la Última Cena el Sacrificio de la Cruz, y pone en marcha lo que él llama las cinco transformaciones del Misterio de la Redención.
Transcribimos, a continuac…

Amor a Dios y amor al prójimo

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El Evangelio de la Misa del Domingo XXX durante el año, que celebraremos mañana, nos da ocasión para meditar un poco en las palabras del Señor sobre los dos principales mandamientos (cfr. Mt 22, 34-40).

Un doctor de la ley, que era fariseo, le hace una pregunta: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?”.
La preocupación principal de los fariseos era cumplir todos los mandamientos contenidos en las leyes mosaicas y que, en total, eran 613. La respuesta de Jesús es inmediata: hay dos mandamientos principales. El primero es el amor a Dios, “con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. El segundo es amar al prójimo como a nosotros mismos. Toda la enseñanza de la ley y de los profetas se condensa en estos dos mandamientos del amor.
Jesús, en todo momento, vincula los dos mandamientos. En esta ocasión lo hace de manera muy clara, pues la pregunta que le hace el doctor de la ley se refería al “mandamiento principal” de la ley, y Jesús menciona los dos mandamie…