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Perdonar de corazón

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Todos los días, cuando rezamos el Padrenuestro le pedimos al Señor: “perdona nuestras ofensas como también nosotros personamos a los que nos ofenden”. Esta petición la enseñó Jesús a sus discípulos y constituye un punto fundamental de nuestra vida en Cristo: perdonar.

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Hace poco leí una biografía de San Josemaría Escrivá de Balaguer (cfr. José Miguel Cejas, Cara y Cruz, Ed. San Pablo, Madrid 2015). El autor describe el ambiente de crispación, violencia y odio que había en Madrid a partir de abril de 1931, cuando cayó la monarquía de Alfonso XIII y se instauró la Segunda República. La sociedad estaba dividida y radicalizada. San Josemaría era un sacerdote de 29 años, pero con una gran madurez. En su labor pastoral buscaba crear corrientes de unidad y no de división. Podría decirse que su lema era “rezar, disculpar, comprender, perdonar…”. Tenía sus brazos de sacerdote abiertos para todos. No rechazaba a nadie.
Este ejemplo nos puede ayudar a nosotros, en la época que nos ha tocado v…

El hombre es él mismo “en, con y por los otros”

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Las lecturas del Domingo XXIII del tiempo ordinario (Ciclo A) nos sugieren una reflexión sobre la relación que tenemos unos con otros en el camino de la salvación.

Aunque la santidad es personal (es decir: cada uno debe de responder ante Dios de los dones recibidos y esforzarse personalmente para corresponder a ellos), no es menos cierto que no podemos desentendernos de la salvación de los demás, porque todos estamos conectados unos con los otros.
La Iglesia es un Misterio de Comunión de los hombres con Dios y entre sí, por Cristo en el Espíritu Santo. La Eucaristía es el Centro y la Raíz de la vida cristiana (San José María Escrivá de Balaguer). 
El hombre es un ser que tiene entendimiento, voluntad y sentimientos. Pero también forma parte de la esencia del hombre su dimensión relacional. Somos mejores en la medida en que amamos y nos damos a los demás. El hombre crece interiormente, pero solamente si sale de sí mismo, si aprende a amar (porque ha sido creado a imagen de Dios, que …

¿Cómo sufrir las persecuciones de un modo feliz y sereno?

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Durante la semana XXI durante el año hemos meditado, en la lectura continuada de la Misa, textos de la tercera parte del Evangelio de San Mateo, que se refieren al ministerio de Jesús en Jerusalén.

Esta parte comienza con el capitulo 21. El ambiente en el que se mueve el Señor es de persecución por parte de los escribas y fariseos. Jesús desenmascara sus intenciones y su doble vida.
Desde la confesión de Pedro (Mt 16, 13-20, que leíamos el domingo pasado), el Señor anuncia a sus discípulos que tendrá que ser perseguido (ver el Evangelio de este domingo XXII durante el año: Mt 16, 21-27).
“Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día” (Mt 16, 21).
Pedro, que no comprendía aún el significado de la cruz en la vida del Maestro, trata de disuadirlo. Pero Jesús lo reprende y le hace ver que sus pensamientos no son…

“Tú eres Pedro” (Mt 16, 18)

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Faltaban seis meses para la Pasión del Señor en Jerusalén. Jesús se encontraba en el norte de Palestina, en la ciudad de Cesarea de Filipo, acompañado por sus discípulos a quienes hace una pregunta comprometedora, que indica el deseo del Señor de comenzar a prepararlos para la última etapa de su vida.

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Así, conocemos a través de la respuesta de los discípulos la opinión general de los israelitas sobre Jesús. Efectivamente, la mayoría reconocía que era un enviado de Dios, un profeta (Elías, Jeremías…) o, incluso, el mismo Juan Bautista resucitado. Algo así como sucedió con el profeta Eliseo, que había recibido “el espíritu” de Elías cuando este gran profeta había sido arrebatado en un carro de fuego a los cielos.
Jesús utiliza la expresión “Hijo del hombre” que ya había usado el profeta Daniel, y tenía carácter mesiánico.
Pero al Señor le interesa que los discípulos manifiesten su pensamiento acerca de Él y, sobre todo, quiere suscit…

"La fuerza del silencio" (10)

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Terminamos hoy los post dedicados a difundir y comentar los textos sobre el silencio en el último libro del Cardenal Robert Sarah.

Y llegamos a la conclusión de que el silencio nos ayuda a atisbar, aunque sea sólo un poco, el gran misterio de Dios, que es un Dios cercano pero, al mismo tiempo, “habita en una luz inaccesible”. Es el Dios escondido, el “Totalmente Otro”.
“¡Qué aventura tan extraordinaria —escribe el Cardenal Sarah— la de querer reflexionar sobre el silencio del Cielo” (FS, p. 109). Podríamos extenderlo más: la de querer reflexionar sobre el silencio; como él lo ha intentado hacer en las casi 300 páginas de su libro en la edición castellana.
El último capítulo del libro (el 5°) se titula: “Como un grito en el desierto”, y relata el encuentro del Cardenal Sarah con don Dysmas de Lassus, Padre General de la Orden de los Cartujos, en la Grande Chartreuse.
El monasterio de la Grande Chartreuse (Gran Cartuja) es el primero y la casa-madre de la Orden de los Cartujos. Está …

"La fuerza del silencio" (9)

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Nuestra meta es la eternidad. Vivimos en este mundo con los pies en la tierra, pero la cabeza en el Cielo. Ya ahora podemos experimentar la vida eterna en nosotros, mediante la gracia de Cristo, que nos ha conseguido con su muerte y resurrección.

Por eso, es necesario dedicar una reflexión al “silencio de la eternidad”, que deberá ser un importante referente en nuestra peregrinación terrena.
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El silencio en el Cielo
“En el Cielo no existe la palabra. Allá arriba los bienaventurados se comunican sin palabras. Reina un inmenso silencio de contemplación, de comunión y de amor” (FS, p. 107).
“En la patria divina todas las almas están unidas a Dios. Se alimentan de esa visión. Las almas se hallan enteramente poseídas por su amor a Dios en un éxtasis absoluto. Existe un inmenso silencio, porque para estar unidas a Dios las almas no tienen necesidad de palabras. La angustia, las pasiones, los temores, el dolor, las envidias, los odios y las inclinaciones desa…

"La fuerza del silencio" (8)

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Una de las enfermedades de la sociedad moderna es el “activismo”. No es fácil encontrar, en nuestro mundo, espacio para la interioridad.

El Cardenal Sarah nos muestra claramente este peligro y nos ayuda a evitarlo explicándonos cómo podemos guardar el silencio, indispensable para alimentar nuestra fe y nuestro amor.
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Imagen del Diossilencioso
“La pregunta fundamental es la siguiente: ¿cómo puede el hombre ser realmente imagen de Dios? El hombre tiene que entrar en el silencio. Envolviéndose en el silencio igual que Dios, que habita en un gran silencio, el hombre se acerca al Cielo; o, más bien, deja que Dios se manifieste en él (…). La voz de Dios es silenciosa. De hecho, el hombre tiene que tender también a convertirse en silencio” (FS, p. 24).
No hay paz sin Dios
San Agustín, en las Confesiones, dice: “Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. “Sin Dios el hombre está desgarrado, angustiado, int…